En defensa de la parapsicología (experimental)

En 2011 una revista de psicología “normal” publicó un artículo de Daryl Bem titulado “Feeling the future: Experimental evidence for anomalous retroactive influence in cognition and affect” (PDF). El artículo explicaba los resultados de nueve experimentos “orientados a demostrar que las respuestas individuales cognitivas y afectivas pueden ser influídas por estímulos seleccionados al azar que no tienen lugar antes de que las respuestas del individuo puedan ser realizadas y registradas”.

Aparentemente, el trabajo mostraría una “anomalía” en nuestra visión científica corriente de la naturaleza. Para Bem y sus seguidores representaría una evidencia nada menos que de la precognición, un tipo de “fenómeno” en el que las personas “tienen acceso a información no local, es decir, información que habitualmente no estaría disponible a través de los procesos físicos conocidos”. Es más, Bem ha publicado recientemente las conclusiones de un metaanálisis basado en 90 experimentos sobre “anticipación anómala” que ratificarían los resultados previos.

Estos trabajos han suscitado algún interés en la comunidad científica, y entusiasmo entre los estudiosos de las “anomalías” o los periodistas del misterio. De hecho, si hacemos una búsqueda en twitter, el nombre de "Daryl Bem" aparece vinculado con una de las últimas emisiones del programa radiofónico dirigido por Iker Jiménez “Tercer milenio”.

Hay al menos cuatro grandes clases de problemas con el trabajo de Bem.

1) Los metaanálisis no permiten establecer conclusiones firmes si el estudio original padece defectos experimentales no detectados. En este sentido, no importa que el metaanálisis esté basado en 90 o 90.000 estudios.

2) Existen réplicas publicadas del experimento con resultados negativos.

3) El supuesto efecto registrado por los experimentos es estadísticamente muy pequeño, como reconoce Bem. Tanto los estudios previos sobre “presentimiento” como los actuales de Bem sobre precognición producen un efecto que suele clasificarse como “pequeño “ (d ≈ 0.2).

4) No existe ninguna explicación teórica plausible para estos resultados anómalos y el mismo Bem admite que esta es la crítica “más razonable”. Las “explicaciones” basadas en efectos cuánticos tienen todavía un status virtual de ciencia-ficción, en la medida en que no es posible explicar los mecanismos causales concretos del fenómeno.

Sea cual sea la verdad sobre el trabajo de Bem, y sobre la parapsicología, enfocar el problema como una batalla entre “escépticos” y “creyentes”, es poco fructífero y quizás desfasado, como explica Stuart Richtie. Sobran persecuciones y acosos académicos. Si los fenómenos PSI existen realmente, y la ciencia empírica es capaz de explicarlos (cosa en la que por cierto no creen la mayoría de los psicólogos experimentales), habríamos descubierto un hecho de la naturaleza muy interesante. De hecho, bastante asombroso. Pero si no existen, y los supuestos efectos PSI son el producto de defectos experimentales y teóricos sistemáticos, o de fraudes, entonces podemos entender la parapsicología como una especie de “grupo de control” para la ciencia en general y, por tanto, como una oportunidad para detectar errores que afectan a la investigación normal.

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