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Asco y reacción. Neurobiología del alma conservadora

Invasion of the body snatchers, 1957

Con respecto a las preferencias morales y políticas (quizás también a otras cosas más sutiles, como intuiciones filosóficas), lo más probable es que Jonathan Haidt esté en lo cierto al asegurar que “las intuiciones vienen primero y el razonamiento estratégico viene después”. No escogemos líbremente nuestra ideología, a la larga nuestro temperamento lo hace.

Emociones tan ancestrales, automáticas y poco controlables como el asco, por ejemplo, tienen implicaciones políticas (Inbar et al. 2012) y, entre otras tendencias naturales soterradas, ayudan a situar a las personas en algún lugar previsible del espectro político. “Las personas que son menos abiertas a las experiencias, que tienen más escrúpulos, y que tienen menos capacidad para alcanzar acuerdos, en general tienden a orbitar alrededor de ideologías políticas conservadoras”. Y también existen diferencias entre sexos. Es posible que la mayor sensibilidad de las mujeres al asco, visible en las preferencias sexuales, explique que ellas tiendan más a desarrollar preferencias políticas conservadoras. El asco es verdaderamente la emoción reaccionaria por excelencia.

Una de las teorías más interesantes o para decirlo con Moldbug, “rara y espeluznante”, sobre el origen psicológico de las preferencias políticas es la evitación de patógenos. Según algunos estudios, el conservadurismo religioso podría haber evolucionado, en parte, como estrategia para evitar enfermedades. Según Terrizzi y sus colegas el “sistema inmune conductual” predice actitudes negativas hacia los grupos ajenos, en la medida en que estos constituyen una fuente histórica de “contaminación”, y las ideas religiosas podrían servir como barreras de protección. Es menos claro si esta correlación se mantiene entre el miedo a los patógenos y el conservadurismo político en general. Si fuera así, podría explicar la “politización” de la crisis del ébola: “si ser conservador significa que uno está preseleccionado para preocuparse sobre las enfermedades, obviamente los conservadores van a ser los más preocupados sobre el ébola”.

Naturalmente, no está todo “en los genes”. Incluso si lo está, corrientemente existe una discrepancia entre las preferencias y la conducta dependiendo del sistema social de incentivos. Distintos sistemas de gobierno y económicos podrían favorecer la prevalencia de fenotipos políticos “conservadores” y “progresistas”. Las sociedades liberales, capitalistas y "abiertas" de hecho parecen haber evolucionado una aversión fundamental al conservadurismo, tendencia apreciable desde los sesgos favorables a los progresistas en la investigación académica (Duarte el al., 2014). Esto explica que en una sociedad aversa al conservadurismo sea, de entrada, muy impopular apoyar medidas como la cuarentena de los enfermos aquejados por enfermedades exóticas, o el cierre de fronteras a la inmigración masiva.

Comentarios

  1. sin duda el asco es un termino que puede ser utilizado politicamente y que nadie se percato)

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  2. Me pregunto cuál será la emoción progresista por excelencia.

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    1. Políticamente hablando, estos años pudiera ser la indignación.

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