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Pocos lo cruzarán

La ciencia moderna está asentada en un relato de universalidad. No sólo en cuanto al objeto que estudia, pongamos por caso la ley de la gravitación descubierta por Newton, que rige en todas las regiones del universo, sino también en cuanto al sujeto. Según este supuesto, el interés y la práctica de la ciencia tiende a extenderse idealmente a todos, con independencia de la geografía, la raza, la cultura, la nacionalidad o el sexo.

Este ideal no se cumple en el mundo real. No todos los países, los sexos y los grupos étnicos contribuyen igualmente. Por el contrario, la ciencia moderna, por no hablar de la filosofía, es abrumadoramente europea. Según los cálculos de Charles Murray, en Human accomplishment (2003), hasta el 97% de los logros científicos son llevados a cabo por europeos y norteamericanos de origen europeo. 


Desde el supuesto de la universalidad, esta sobrerrepresentación europea, y masculina, suele atribuirse canónicamente a factores culturales y a cierta malevolencia para mantener apartadas a las "minorías" y las mujeres. Existe incluso una teoría según la cual los sabios griegos robaron –literalmente– la sabiduría a los africanos. De aquí las campañas para hacer de la ciencia algo más "diverso". 

La sociedad universal

Los partidarios de la "diversidad" suelen entender la ciencia como una "comunidad científica" universal, separada radicalmente de la comunidad política. Pero como recuerda Gustavo Bueno, la sociedad civil forma siempre parte de la sociedad política. Es más, el origen de la idea de una sociedad política universal estaría en la religión y posteriormente en la filosofía secular europea. La idea aparece ya en los filósofos estoicos, en la sociedad cosmopolita cristiana (es decir, la iglesia) y daría lugar "en 1789, a la concepción de una sociedad (o comunidad) civil universal presidida por los derechos humanos." Pero del mismo modo que que la sociedad universal cristiana sólo se puede realizar en el seno del imperio romano, también la sociedad o comunidad científica universal se realiza en el seno de determinadas sociedades políticas, similarmente a como Darwin sólo pudo haber ideado su "teoría de la evolución" a bordo de una nave de la marina real británica, el Beagle. De la misma forma, la mayoría de las publicaciones científicas se escriben hoy en inglés, que es el idioma de un imperio, pero no en esperanto, latín, español o catalán. También es bien sabido que el sistema de publicación científica mundial está dominado por un pequeño número de editoriales y de revistas, como "Nature" y "Science", cuyo impacto científico es abrumadoramente superior al resto.

Si la idea de que la "comunidad científica" universal en realidad depende de sociedades políticas particulares resulta amenazante, todavía es peor sugerir, desde el punto de vista del "consenso" moral dominante, que la ciencia en realidad podría tener algo bastante esencial que ver con la historia genética y cultural de los europeos.

Científicos y exploradores

Una sugerencia interesante procede de un estudioso del carácter único de la civilización europea, Ricardo Duchesne (Vía), que se fija en la sobrerrepresentación de los europeos entre los exploradores, poniendo en solfa el supuesto tan común y canónico de que las pasiones y motivaciones humanas son esencialmente las mismas a lo largo de todas las culturas:

En nuestro sujeto de estudio, la exploración, se nos cuenta que "el deseo de penetrar y explorar los lugares salvajes del mundo es un impulso humano fundamental". Discovery and exploration, de Frank Debenham, una extensa encuesta publicada en 1960, nos informa de que "el carácter naturalmente inquisitivo del hombre ha sido un estímulo de descubrimientos y exploraciones". Y sin embargo el libro de Debenham trata sobre europeos modernos explorando el mundo. Hay un apéndice que pasa lista a un total de 203 exploradores, de los cuales sólo 8 no son europeos.
Volviendo a la ciencia, es al menos curioso que el Novum organum de Francis Bacon, considerado uno de los orígenes ideológicos de la "revolución científica" moderna, empleara la metáfora de la exploración para describir el progreso científico. La portada de Instauratio magna (1620) incluía los pilares míticos de Hércules siendo atravesados por una nave, con el lema latino Multi pertransibunt et augebitur scientia ("Muchos lo cruzarán y la ciencia crecerá").

Instauratio magna, 1620

El mensaje de Bacon casa bien con el universalismo moral, tan canónico en la mentalidad europea, pero si es cierto que la curiosidad filosófica de hecho no está distribuída uniformemente en toda la "humanidad", entonces quizás no haya tantos dispuestos a cruzar las columnas para explorar la naturaleza o conquistar el espacio. Con el permiso de los japoneses, de momento son los europeos los más fáusticos de todos.

Comentarios

  1. Ironicamente sera otro varon, blanco, occidental quien te recriminara que no es del todo cierto ...

    Si, el hombre blanco ha inventado todo, joderos porque es asi y la crisis mundial es solo en occidente porque no hay SUFICIENTES VARONES BLANCOS CON PELOTAS...


    Gran trabajo y muy profesional tu estilo. Adelante¡

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  2. Patetico antagonista, Aníbal que mejor nombre para un siervo del sistema

    ResponderEliminar
  3. A los que ya están de acuerdo con este post, este video les va a encantar:

    https://www.youtube.com/watch?v=DLlh9MnTPT4

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se supone que la bandera representa a los contribuyentes americanos que pagan esos viajes por el espacio con su dinero. Ahora bien si ponen una bandera de una empresa, que represente a sus accionistas y que estos lo page con su propia calderilla.

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