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El patriotismo es normal y saludable

Entre bloggers, comentaristas, “periodistas científicos”, etc, existe una fuerte tendencia a calificar como “oscuro” cualquier resultado científico acerca de la naturaleza humana que contradice las expectativas ideológicas modernas. Este enfoque, automáticamente identificado con “las luces”, es hegemónico en Europa desde el fin de la segunda guerra mundial, en él convergen los dos grandes proyectos universalistas europeos del siglo XX (el capitalista y el socialista) y es el que permite "oscurecer" los valores (ahora, disvalores) tradicionales, tachados como “sexistas”, “etnicistas”, “racistas”, “etnocéntricos”, “eurocéntricos”, "antropocéntricos", “autoritarios”, etc.

Todo valor pasado estorba o avergüenza a la modernidad optimista.

Yo mismo mordí el anzuelo, al escribir –igual que Francisco Traver– hace un tiempo sobre el “lado oscuro de la oxitocina”:

Ed Yong pasa revista en New Scientist [PDF] (Vía) a algunos de los hallazgos desagradables de los que aparentemente es responsable la misma oxitocina: promoción de la envidia y de schandenfraude (Journal of Biological Psychiatry, Vol 66, Pág 864), mejora de la capacidad para leer las emociones, pero sólo para los más sociables (Psychological Science Vol 21, Pág 1426), reducción de la confianza y la cooperación en personas particularmente ansiosas (Social Cognitive and Affective Neuroscience, Vol 5, Pág 556), aumento de la confianza en los compatriotas, pero no hacia las personas de otras nacionalidades (Science, Vol 328, Pág 1408). 
Según Carsten de Dreu, la oxitocina proporcionaría, ante todo, una respuesta de defensa dirigida a las personas del propio círculo social para protegerlas de los peligros exteriores. Más que promover una buena voluntad genérica, la oxitocina parece promocionar los sesgos sociales más provincianos. También es el “neurotransmisor del nacionalismo”. 

Efectivamente, estos resultados contradicen las expectativas “sexys” de que la oxitocina sea una “hormona del amor” y de las fronteras abiertas. No vamos a hacernos más gráciles y "modernos" rociándonos con sprays de oxitocina.

Otros aspectos controvertidos de la ciencia evolucionista, como la hipótesis de la selección de grupo, tampoco escapa a conclusiones ideológicas aparentemente desagradables, no siempre advertidas por sus defensores: “se olvidan de su lado oscuro: el egoísmo entre grupos, la hostilidad, la xenofobia, el patriotismo, el etnocentrismo, el conflicto y la guerra”. Supuesto “lado oscuro” que no es otra cosa que la parte del discurso científico resistente con los valores morales hegemónicos. Valores políticos, o fuertemente politizados, en realidad, como sugiere Dalmacio Negro a propósito de los "derechos humanos".

La lectura de Kevin MacDonald es muy distinta: el así llamado "etnocentrismo" de hecho es “normal y racional”. Las personas con ideas tradicionales, como apreciar al propio grupo, o la patria –el patriotismo genuino, no el "constitucional"–, son “seres humanos normales que simplemente exhiben una evaluación saludable y positiva de su propio grupo étnico, consistente con la teoría evolucionista”. MacDonald también observa que, en su empeño de abrir el "arco moral" a todos, el liberalismo militante (de hecho también el socialismo, al menos el "socialismo científico", como muestran varios comentarios despectivos de Marx sobre sociedades tradicionales no burguesas) tampoco carece de “prejuicios” contra otros grupos (y hay evidencias recientes sobre una considerable intolerancia progresista) “en la medida en que su objetivo es crear una comunidad universal en oposición a cualquier grupo que pretenda permanecer diferente”.

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