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La contradicción entre el politólogo y el ciudadano

Nadie es menos idóneo para regir una comunidad pública que los teóricos o filósofos. 
– Baruch Spinoza 

Si comprometemos la idea de "ciencia política" con el fundamento de una técnica política profesional, capaz de llevar la ciencia a la toma política de decisiones, entonces cabe decir que la ciencia política está en contradicción con la democracia, y que los llamados "politólogos" están en contradicción con los ciudadanos.

Como explica Bernard Manin (Los principios del gobierno representativo. Alianza editorial. 2010), la democracia griega se sustentaba esencialmente en el sorteo y la rotación de los cargos políticos, es decir, en el principio de que a cualquier ciudadano que lo desee le sea posible participar en la toma política de decisiones. Puesto que cualquier ciudadano corriente estaba llamado a la magistratura en algún momento de su vida, los demócratas griegos eran singularmente hostiles al profesionalismo político. Dicho sea de paso, también eran hostiles a la inmadurez, la cobardía y la inmoralidad pública, ya que limitaban el acceso a las magistraturas a hombres mayores de treinta años que hubieran prestado el servicio militar y pagado sus impuestos.

Los demócratas atenienses preferían los ciudadanos corrientes a los técnicos políticos ("tecnócratas"), hecho que desconcertaba a Sócrates: "vemos como el hemiciclo es tomado indistintamente por herreros, zapateros y marineros, ricos y pobres, de alta cuna y plebeyos, y nadie piensa en reprenderlos, como hubiese sido antes el caso, por intentar dar consejos sin haberse formado en sitio alguno  con maestro alguno" (Protágoras, 319D).

La contradicción entre el politólogo y el ciudadano se aprecia bien en la política española reciente, ejemplarmente en el trasvase de poder desde los llamados “círculos” o asambleas populares surgidos a raíz del "movimiento 15M" a grupillos de profesores universitarios, a menudo de ciencia política, que inevitablemente terminan introduciendo en la organización política (el partido estatal "Podemos") principios oligárquicos de inclinación tecnocrática más que democrática, a duras penas ocultos tras una retórica populista.

Es difícil no apreciar en estos politólogos modernos la herencia de los cortesanos y consejeros espirituales tradicionalmente en servicio de los oligarcas y monarcas, en una época en que la política ha perdido su fundamento religioso en favor de un fundamento "científico" o, al menos, más "racional".

Comentarios

  1. Modernamente se ha propuesto basado en el sorteo una "democracia estocástica": https://es.m.wikipedia.org/wiki/Demarquía

    Pero ya en la Edad Media en España se usaba el sorteo:
    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Insaculación

    La oposición entre ciudadano y politólogo existiría si nos referimos al civites o polites griego no al contemporáneo. Pero bueno viendo los logros alcanzados por una sociedad aristocrática como la científica, veo mejor una auténtica aristocracia alrededor del Rey: su Estado. La verdad y el bien superior no lo dirimen los votos, sino los argumentos.
    Un saludo.

    El irrintzi irredento.

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  2. También es cierto que el estatuto de "ciudadanía" actual está tan degradado, una vez suprimido el servicio militar, y en el marco de la inmigración masiva, que ni siquiera cabria hablar rigurosamente de "ciudadanos" modernos.

    ResponderEliminar

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