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El idiota inteligente. Sobre el origen cognitivo de la modernidad

Bruce M. Charlton es un psiquiatra evolucionista británico, editor de Medical hypothesis de 2003 a 2010, una revista inicialmente orientada a la publicación de ideas “poco convencionales”, y no revisadas por pares –al menos antes de que Elsevier obligara a rectificar al consejo editorial.

Las ideas de Charlton tienen, en este sentido, una vocación epistémica “exploratoria”, por usar líbremente una distinción reciente de la psicología social (Sakaluk, 2016).

Clever sillies. Why the high IQ lack common sense (“Idiotas inteligentes. Por qué la gente con alto CI no tiene sentido común) (2009) es quizás su obra maestra. En este pequeño ensayo, Charlton utiliza el criterio del psicólogo Satoshi Kanazawa (“Principio de la sabana”), según el cual la inteligencia alta es una adaptación cognitiva para resolver problemas “evolutivamente novedosos”, en contraste con “la resolución de problemas que eran una parte normal de la vida humana en la era ancestral de cazadores y recolectores”, o dicho abreviadamente, el “sentido común”.

La inteligencia alta, para Charlton, no es sólo una capacidad cognitiva, sino también una disposición de la personalidad. Se sabe que la inteligencia está asociada positivamente con un rasgo de personalidad muy importante, la apertura a la experiencia (hay confirmación reciente), y también con cierto tipo de valores, como el “progresismo” o el ateísmo, que asociamos normalmente con la “modernidad”.

El origen de la “modernidad”, y el ensalzamiento de la “izquierda” o el “progreso” como valores hegemónicos tendría por tanto un fundamento piscológico relacionado con este rasgo de personalidad:

La apertura podría ser el resultado de emplear el análisis abstracto en problemas sociales que derivan en resultados inestables e impredecibles. Esto podría explicar por qué la gente más inteligente de las sociedades modernizadas tienden a sostener opiniones de “izquierda” política.

La sociedad “moderna” se caracterizaría por una estratificación intelectual que concentra a la gente más inteligente –y por tanto también a los más "progresistas", menos creyentes y más "abiertos"– en los lugares de poder de la cultura, la administración o la política. Este fenómeno favorecería, simultáneamente, una especie de "carrera armamentística" de ideas novedosas, aparentemente "racionales" y creativas, que además necesitan ser "anunciadas" y "señalizadas" constantemente para escalar en la jerarquía social:

Este tipo de señalización del CI habría llevado a la gente más inteligente de las sociedades modernas a sostener ideas sobre fenómenos sociales que no son simplemente incorrectas, sino sistemáticamente erróneas. Me refiero al fenómeno popularmente conocido como corrección política, en el que las ideas estúpidas y falsas son moralmente afirmadas por la élite intelectual gobernante. Mientras que la idea estereotipada del científico loco en las ciencias duras es la de un brillante científico, pero estúpido en todo lo demás; el científico social loco o el profesor de humanidades no sólo es estúpido “en todo lo demás”, sino que también es estúpido en su campo profesional. 
(...) En las ciencias humanas y sociales existe un incentivo profesional para estar perversamente equivocado. 

El sueño de la inteligencia

Un fenómeno asociado con esta estratificación cognitiva es el distanciamiento secular entre clases sociales. Al ponerse en guerra con el sentido común, las élites de idiotas inteligentes de las sociedades modernizadas también se divorcian progresivamente de las demás clases sociales donde el “sentido común” y las actitudes tradicionales prevalecen. Quizás esta brecha ampliada explica parcialmente algunos fenómenos políticos recientes y desconcertantes. Tras la conocida "polarización ideológica" documentada por sociólogos y politólogos en los últimos años, tendríamos una polarización cognitiva más profunda, más inadvertida y mucho más difícil de tratar, debido a las maniobras de la élite cognitiva para mantener su status y poder separado, y quizás a que –como cree Charlton– la idiotez inteligente sea una disposición biológica “incorregible” en seres humanos. Una vez que alguien cree en "interseccionalidad", "espectro sexual" o en "glaciología feminista" ya es muy difícil dar media vuelta.

Comentarios

  1. Joaquín González1 de abril de 2016, 7:13

    Este punto de vista se podría complementar con los ensayos de Charles Murray (Coming apart) y Christopher Lasch (The Revolt of the Elites) para entender mejor esos fenómenos políticos recientes que ponen de manifiesto la brecha creciente entre las elites de «idiotas inteligentes» y la mayoría de la población. Creo que no se trata de solo de una cuestión de ideas, sino de afectos. Me explico: las elites tienden a desarrollar una cosmovisión más individualista y más universalista y cosmopolita, con un enfoque más globalista, mientras que la mayoría de la gente común está más vinculada a su comunidad y su nación; es más particularista. Estas dos dimensiones quedan reflejadas en el fenómeno del «Trump Train», que expresa al mismo tiempo un rechazo de la corrección política de las elites cognitivas y un rechazo de su cosmopolitismo globalista.

    El populismo es una consecuencia de esa brecha creciente, claro, pero observo que hay también sucedáneos de populismo: un populismo falsificado que está dirigido por elites de «idiotas inteligentes», universitarios formados en el mundo de las ciencias sociales.

    Creo que el ascenso definitivo de las elites cognitivas podría situarse en el tiempo, de manera aproximada, en la época de la Guerra Fría. Fue la época en que tuvo lugar la «democratización» de la enseñanza universitaria en Occidente y la consolidación de las elites administrativas (la Managerial Revolution de la que había hablado Burnham). También sabemos que fue en aquella epoca cuando triunfaron en el mundo académico-intelectual ciertas corrientes intelectuales que dieron origen a la corrección política y que impregnaron fuertemente el ámbito de las ciencias sociales y humanidades, trasladándose luego a los medios de comunicación y la política.

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  2. Añadamos un poco de leña al fuego cuestionando a Kanazawa:

    http://robertocolom.blogspot.com.es/2014/03/es-la-inteligencia-una-adaptacion.html

    Saludos, Roberto

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  3. ¿Qué explicación tiene entonces, desde el paradigma "normal", que la inteligencia general se asocie con mayor apertura a la experiencia? Porque ahi las evidencias no son tan endebles, que yo sepa, como pudiera ser el caso de la homosexualidad, la preferencia por los hábitos nocturnos o la irreligiosidad.

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  4. Respecto a la hipótesis de Kanazawa y lo que dice Roberto en su entrada, al estudiar los datos, habría que tener en cuenta (no sé si se ha hecho) que hay gente con bajo CI por motivos médicos, enfermedad, problemas en la gestación, mutaciones perjudiciales o incluso consanguinidad, en la que sí habría una fuerte correlación entre bajo CI y torpeza también al resolver esos otros "problemas ancestrales". Esto podría hacer que se interpreten mal los datos y llevar a confusión. Es decir, es posible que Kanazawa esté en lo correcto aunque se encuentre cierta correlación entre el CI y cosas como la habilidad para detectar mentiras o cazar.

    - Miguel

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    1. De acuerdo en lo que señalas, "M". Incluso me atrevería a decir, fundamentándome en tu observación, que los elementos destinados a medirse están mal planteados. Se superponen o dejan espacios medibles que podrían ser aprovechados en el aire. Creo que es allí a donde apuntalas. Porque al menos creo que para sostener lo que sostienes primero habría que pasar por reconocer que los elementos destinados a medirse son elementos defectuosamente circunscritos.

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  5. Esa "élite intelectual" falso inteligente, realmente lo que son es burgueses progres torremarfilistas .

    El progresismo y el izquierdismo moderno, si por algo se caracterizan, es por ser un compendio de ideas voluntaristas,infantilistas, ciertos complejos de inferioridad, onirismo... si gente con ese tipo de razonamientos es la intelectualidad moderna, es obvio que vamos a la deriva.

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