El ateísmo como monocultura de izquierdas

En sentido estricto “ateísmo” es una posición metafísica (ateísmo como a-teísmo a la manera de Paul Cliteur), no moral, ni política, pero lo cierto es que existe una clara tendencia demográfica que vincula increencia e ideología. La mayoría de los ateos son también izquierdistas.

No todas las "diversidades" han nacido iguales

Los datos más completos corresponden a EE.UU, donde la relación entre “irreligiosidad” e ideología se estudia al menos desde los años 70 (Grupp y Newmann, 1973; Nassi, 1981). Según una encuesta de 2012, sólo el 18% de los ateos votarían por un candidato conservador. Si nos fijamos en los votantes registrados en el censo, el porcentaje de ateos que se identifican con la derecha baja al 13%. Y si analizamos la misma tendencia entre activistas ateos –y no sólo entre la población general–, el porcentaje de los que se identifican con opciones conservadoras se desploma. Según una encuesta reciente de Freedom from Religion Foundation sólo el 1% de sus propios miembros se identifican actualmente como republicanos.

Es notoria la falta de “diversidad ideológica” –para decirlo con los que proponen una “Universidad heterodoxa”– en el movimiento ateo y secular. Los "ateos conservadores" son atípicos, y escasean todavía más en el ámbito asociativo.

El propio ateísmo, entendido en sentido más amplio como secularismo moral, sería uno de los factores que explican la falta de diversidad ideológica en las ciencias en general y en las ciencias humanas en particular. Aunque muchos más científicos –naturales o sociales– se declaran “espirituales” que ateos, de acuerdo con la encuesta internacional de Elaine Ecklund, de todos modos sigue siendo verdad que los científicos son mucho más “seculares” que la población general. Cuando sólo se identifica como "conservador" entre el 6 y el 11% de los profesores, en la práctica tenemos una monocultura progresista.

No había entre ellos ninguna necesidad, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad. 
– Hechos de los apóstoles 4-34

No sólo escasean los conservadores entre los ateos y "no creyentes", sino que este tema no recibe mucha atención en las ciencias sociales –quizás precisamente porque las ciencias sociales son mayoritariamente de izquierdas. Paralelamente, no suele asumirse que la infrarrepresentación de los conservadores en las asociaciones seculares sea debida a la discriminación. Esto está en vivo contraste con las explicaciones comunes sobre falta de diversidad "de género" en esas mismas comunidades. Por ejemplo, para Marta Trzebaiotowska: "Si un espacio ateo (real o virtual" se define como masculino por el mero hecho de que los hombres están presentes, una cierta versión de la hegemonía masculina, y por extensión de violencia simbólica, es ejercida sobre aquellos que no encajan en el modelo". La explicación de que hay pocos ateos en el "espacio secular" porque este representa una forma de "hegemonía progresista" que ejerce "violencia simbólica" sobre los ateos conservadores es –digamos– poco frecuente.

Ateísmo y seguridad existencial: el rol del Estado

Quizás los ateos son de izquierdas no porque hayan alcanzado la más alta cota de la razón humana –improbable–, sino porque las creencias fundamentales de la izquierda son un sustituto secular de la religión tradicional. Parece, por ejemplo, que creer en el “progreso científico” (Stravova, O. et al., 2015) desempeña una función similar a la superstición reduciendo la incertidumbre y el stress vital de la gente.

Según Gill y Lundsgaarde (2004) la clave, más que en la psicología, está en la economía nacional: la religiosidad de los países varía básicamente en función de cuánto gastan los estados en “bienestar”: “Históricamente eran las iglesias las que han proporcionado bienestar social. A medida que los gobiernos asumen muchas de muchas de estas funciones de bienestar, los individuos con preferencias hacia los bienes espirituales reducirán sus niveles de participación, debido a que sus deseados bienes pueden ser obtenidos desde fuentes seculares”.

La propuesta de Tomas Rees (2009) va en la misma dirección que une religiosidad e incertidumbre.

Simultáneamente, la religión desempeña un papel en el rechazo ideológico del estado del bienestar (Stegmueller, D., 2011), y por tanto en el rechazo de lo que Taylor llama “creencias fundamentales” de la izquierda. Este resultado es normal si entendemos que religión y estado compiten en la provisión de bienestar y seguridad.

Parafraseando a Chesterton y el librepensador libertario Stefan Molyneaux, cuando los ateos dejan de creer en Dios no empiezan simplemente a creer en cualquier cosa, sino en el Estado... o en el libre mercado.

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