¿La era del estancamiento?

La expectativa de vida, la mortandad infantil, la pobreza extrema y las víctimas por conflictos violentos han descendido globalmente durante las últimas décadas. El proyecto de Max Roser, Our World In Data, contiene estadísticas ilustrativas de esta mejora universal. Es cierto que 2016 no ha sido el peor año de la historia.

Roser pertenece a una corriente de pensamiento que Matt Ridley llama “optimismo racional”, aunque se podría llamar simplemente “Progresismo liberal” o, en los términos de Burnham, “Optimismo histórico”. Es una ideología alegre, bien engrasada con los intereses de la “élite cognitiva” global, y defendida por intelectuales angloparlantes elegantes y persuasivos como Steven Pinker o Michael Shermer.

Los optimistas racionales asumen que vivimos una “era de progreso” y, en general, esperan que las sociedades humanas sigan avanzando los años venideros hacia mayores niveles de paz, democracia, bienestar, libertades y seguridad.

En este post quiero mostrar una hipótesis alternativa: que no vivamos en esa era de progreso sino en una de estancamiento, y quizás declive, particularmente en lo que concierne a la civilización europea-occidental. Esta conclusión no es agradable por diferentes motivos extracientíficos. La hipótesis del progreso, a diferencia de la hipótesis alternativa del estancamiento o declive: i) encaja mejor con el zeitgeist preferido por la élite cognitiva; ii) puede interpretar legítimamente el estancamiento como una mera desaceleración –al fin y al cabo crecer más lentamente no es dejar de crecer; y iii) se basa en subrayar resultados humanos globales más que regionales y comparativos.

La hipótesis alternativa presenta, desde luego, sus dificultades. Por una parte, las evidencias que apoyan la visión alternativa son más consistentes en algunas áreas (demografía, inteligencia) y más cuestionables en otras (declive de la violencia y la moral). Por otra, siempre es posible que estemos engañados por el azar y las tendencias globales ni tan siquiera puedan ser representadas por una simple fórmula.

Frutas de las ramas más bajas

Tyler Cowen es profesor de economía en la universidad George Mason, autor del blog Marginal revolution, y de varios libros, entre ellos The great stagnation (2012) y Se acabó la clase media (2014).

En el primero Cowen sugiere que la economía de los países occidentales –aunque se centra fundamentalmente en EE.UU– sufre un estancamiento debido a la desaceleración del progreso tecnológico experimentado más o menos en los últimos 40 años.

Con la excepción de internet, la informática y las finanzas, la innovación tecnológica humana se ha desacelerado, provocando de paso que la economía se estanque y que las clases medias (occidentales) languidezcan. Cada vez se construyen menos “cosas” nuevas, y hace falta un mayor número de investigadores e innovadores sólo para mantener el crecimiento económico a un nivel moderado, pero por debajo de la expectativa optimista clásica de un 2-3% anual. El Factor Total de Productividad ha descendido de este 3%, típico de los años 20 o 30, hasta menos del 1% actual.

Mientras tanto, el trabajo para las personas corrientes escasea–especialmente para los hombres. Hana Rosin estima que en los años cincuenta sólo 1 de cada 20 hombres estadounidenses no tenía trabajo, mientras que ahora no lo tienen 1 de cada 5 y la automatización junto con la desaceleración tecnológica auguran que esta tendencia va a continuar.

Según Cowen el éxito de los Estados Unidos, al fin y al cabo la "ciudad en la colina" para el resto de los países avanzados en los últimos dos siglos, se fundamenta en el consumo de "frutos de las ramas más bajas": combustibles fósiles, tierras libres disponibles y el orden legal proporcionado por la Constitución del país más avanzado del orbe liberal. En cambio, la transición hacia una economía no basada en el carbón, y quizás la inviabilidad de lo que los teóricos de la colonización llamaron "Neo-Europas" –básicamente territorios no tropicales habitables por los europeos–, unido a una desaceleración del progreso tecnológico, pueden propiciar una era de estancamiento.

El progreso no nos ha acercado a las estrellas. No somos inmortales, no tenemos coches voladores, ni colonias en Marte. Tras el fracaso del Concorde ni tan siquiera disponemos de aviones comerciales a reacción. Los grandes rendimientos de las tecnologías modernas más prometedoras, que algunos consideran "exponenciales", inspirándose en la ley de Moore, como la edición genética, la inteligencia artificial y los organismos genéticamente modificados, aún están por ver.

Los otros estancamientos

¿No estaremos asistiendo, acaso, a una multitud de estancamientos paralelos al económico del que habla Cowen?

Aunque es difícil averiguar si hay una causa principal subyacente –sobre todo si discutir algunas posibilidades está prohibido o severamente desaconsejado–, hay evidencias de que áreas tan diversas como la inteligencia, la educación, la pacificación, la liberalización política o la democratización, si no retroceden, se estancan.

Estancamiento demográfico

La población humana viene creciendo continuamente desde el fin de las grandes hambrunas y la peste negra del siglo XIV. Se estima que hoy viven 7400 millones de personas y que en 2100 lo harán 11200 millones.

Contando con que la hipótesis de la "naturaleza panhumana" sea básicamente cierta, desde el punto de vista de la especie, el éxito está asegurado en un plazo de tiempo razonable.

Sin embargo, y en paralelo al progreso global, tenemos interesantes retrocesos locales. Según un informe PEW los europeos pasarán de ser el 11% de la población humana mundial en 2010 a un 7% en 2050. Incluso el "White paper" de la Comisión Europea reconoce nuestro envejecimiento y retroceso mundial relativo.

Proporción de la población mundial europea. Eurostat

La contracción de la demografía occidental, patente tras los procesos de des-colonización del siglo XX, continuaría en las siguientes décadas en los propios países europeos, de acuerdo con proyecciones. Esta tendencia recupera las sombrías predicciones del profesor de Harvard Carle Zimmerman, cuya teoría sobre la decadencia cíclica de la familia doméstica merecería ser minuciosamente examinada de nuevo.

Si el éxito humano, como cree el sociobiólogo Pierre L. Van Der Berghe, no se cifra en términos de producción, sino de reproducción, los europeos saldrán perdiendo netamente en las próximas décadas. Y no es que ganemos en producción. También perdemos en producción comparativa: según algunos economistas, tras el paréntesis de la pax americana, y más ampliamente a unos cinco siglos de expansión y colonización, estamos regresando a nuestro lugar histórico: el "extremo occidente". Asia volverá a ser hegemónica.

Estancamiento cognitivo

Los psicometristas están de acuerdo en que el llamado “efecto Flynn” –que debería llamarse efecto Lynn-Flynn, en honor del psicólogo diferencial Richard Lynn, primero en advertir el fenómeno en los años 80– es real; somos globalmente más “inteligentes” que hace décadas. Sin embargo, hay dos importantes salvedades: 1) las ganancias seculares en inteligencia provocadas por el efecto son más fuertes en lo que se llama “inteligencia fluida”, la capacidad de razonar más independiente del aprendizaje, y menos en la “inteligencia cristalizada”, más dependiente del aprendizaje; 2) Las ganancias generacionales en inteligencia probablemente se están estancando en el mundo e incluso disminuyendo en algunos países. Esto es consistente con el llamado "Efecto Woodlley".

Según una encuesta reciente entre 70 expertos en inteligencia (Rindermann, Becker y Coyle, 2017), podría estar ocurriendo un estancamiento o retroceso del Efecto Lynn-Flynn, cuyas causas se atribuyen a “fertilidad asimétrica (efectos genéticos y de socialización), inmigración, declive de la educación e influencia de los medios”. Estos expertos preven que las regiones mundiales con medias más bajas en capacidad cognitiva (Latinoamérica, África e India) seguirán experimentando una mejora de la inteligencia, pero no ocurrirá lo mismo en la Europa occidental, donde se espera un estancamiento técnico del CI, o en los Estados Unidos, donde se espera que la inteligencia media incluso retroceda (-0.45 CI).

Como recuerda James Thompson, las mejoras globales en educación, sanidad y alimentación probablemente son responsables de que la mayoría de la gente que vive hoy sea más ligeramente más inteligente que la gente de las generaciones previas, pero este progreso tiene un techo, especialmente en los países ricos, donde incluso se aprecia un declive.

Estancamiento educativo

La educación es otra área donde una mayor esfuerzo de inversión no parece corresponderse con mejoras substantivas y lineales. A partir de un cierto nivel de inversión, el rendimiento educativo no mejora. A veces menos inversión ni tan siquiera ser traduce en un rendimiento inferior, como muestra el caso español: los estudiantes españoles, pese a los recortes educativos, han obtenido los mejores resultados históricos en el último informe de PISA:

Entre los países y las economías cuyo gasto acumulado por estudiante se ubica por debajo de 50.000 dólares, un mayor gasto en educación sí se asocia con mejoras significativas en los resultados de PISA. Pero éste no es el caso entre aquellos países y economías cuyo gasto acumulado por estudiante supera los 50.000 dólares, categoría en la que se hallan la mayoría de países de la OCDE. En este último grupo, los elementos que explican el rendimiento académico son otros distintos a la inversión educativa.

Estancamiento democrático 

Definidas de forma amplia y generosa como sistemas políticos “con instituciones que permiten a los ciudadanos expresar sus preferencias políticas, límites en sus poderes ejecutivos y garantías de libertades civiles”, hay más democracias y menos autocracias ahora que hace cuatro décadas. Según el Democracy Index, el 15% de los países del mundo son “democracias plenas” y el el 30% regímenes “autoritarios”.

Si el mayor progreso democratizador tuvo lugar en la década de los 70, en este milenio el estancamiento y ciertos signos de declive empiezan a ser visibles.

i) De las tres grandes potencias mundiales actuales, al menos dos son autocracias o evolucionan de regímenes “híbridos” a regímenes autocráticos: Rusia y China –según otros incluso los EE.UU está convirtiéndose en “iliberal”.

ii) Los más ambiciosos proyectos recientes de modernización y democratización han fracasado estrepitosamente en Iraq, y en otros países del área mediterránea como Libia, Siria y Egipto experimentan graves dificultades y reveses, agravados por el ascenso del islamismo político.

iii) Las potencias democráticas se muestran cada vez menos capaces de garantizar el orden político internacional, como muestra la experiencia reciente en Iraq y en Siria, donde son los poderes autocráticos de Rusia y Turquía, no los aliados democráticos y liberales occidentales, quienes están imponiendo su propio orden.

iv) El mismo proyecto de la Unión Europea también muestra signos de estancamiento –pese a que el sentimiento europeísta no ha descendido en la población general– tras la salida (“Brexit”) de Gran Bretaña de la Unión, la crisis de deuda soberana de los países del Sur, las fricciones con los países del este a raíz de la “crisis de refugiados” y el ascenso de los llamados “populismos” y partidos de corte nacionalista y euroescéptico.

Estancamiento moral

Según los optimistas racionales, la flecha de la historia universal apunta a una expansión progresiva y relativamente ininterrumpida de lo que llaman “círculo moral”, desde la familia y la tribu hasta toda la humanidad, y quizás más allá, como sugieren los partidarios de la ética animal y de la inteligencia artificial. La idea arranca originalmente del filósofo estoico del siglo II Hierocles, que describió la condición humana en términos de círculos concéntricos. Según la descripción del filósofo británico Nigel Warburton:

en el centro estaba un círculo representando al individuo; entonces un círculo representando a la familia inmediata, más tarde uno por la comunidad local, uno por el territorio, otro por la nación y finalmente uno por toda la humanidad.

Para Steven Pinker este progreso moral no se basa sólo en fría racionalidad, un factor clave de los “mejores ángeles de nuestra naturaleza” sería la expansión del “círculo de la empatía”:

Hace años, nuestros ancestros sentían el dolor sólo dentro de su familia o la gente de su pueblo. Pero con la expansión de la escritura y los viajes, la gente empezó a simpatizar con círculos cada vez más amplios, el clan, la tribu, la nación, la raza y eventualmente toda la humanidad.

Un planteamiento que no deja presentar inconvenientes.

En primer lugar, la empatía no es una guía segura para fundar el criterio moral, como ha argumentado en detalle Paul Bloom, que alerta sobre el peligro de que nuestros sistemas emocionales sean “secuestrados” por un subconjunto de problemas atractivos. Bloom es partidario de un humanismo más ascético y racional: “Nuestra mejor esperanza para el futuro no es hacer que todas las personas piensen en la humanidad como una familia, lo que es imposible. Descansa, en su lugar, en la apreciación del hecho de que, incluso si no empatizamos con distantes extraños, sus vidas poseen el mismo valor de aquellos que queremos”.

En segundo lugar, las tendencias naturalmente "tribales" del ser humano arraigadas en nuestro pasado adaptativo ancestral, aunque bastante flexibles, no parecen asegurar una expansión indefinida de la cooperación humana. Warburton alerta contra "una visión demasiado estrecha", pero también admite que “puede que haya buenas razones para dar más peso a los asuntos locales: el cuidado del yo, el cuidado de la familia, y de aquellos que están más cerca geográficamente”, un planteamiento más próximo a la sociobiología de la cooperación humana, que avanza lentamente desde el apego maternal hasta la cooperación familiar y del pequeño grupo.

Podemos pensar cuánto queramos en lo bueno y deseable que es trascender las barreras de la familia y el clan, pero nuestra ciencia de la cooperación humana es aún demasiado temprana e insegura como para vaticinar que la transición hacia unidades exponenciales de cooperación global se completará con éxito. La especulación y la fe se entremezclan cuando tratamos de anticipar este futuro.

Comentarios

  1. El progresismo entendido como la idea de que el progreso material va unido a la moral (especialmente liberal) ha sido refutada desde el Holocausto, sin embargo, para mi es un misterio no sólo cómo sobrevivió, sino cómo ha llegado a instalarse en el colectivo de la sociedad de una forma tan natural, especialmente cuando hay tantos desafíos que ponen en peligro la misma existencia no sólo Occidente, sino de la especie humana.

    Por ejemplo, en el ámbito climático el calentamiento global puede llegar a provocar una catástrofe climática y humanitaria a finales del próximo siglo, aunque por otro lado otros científicos afirman que un enfriamiento global a finales de la primera mitad del siglo XXI (debido al descenso de manchas solares en los ciclos solares recientes y a la predicción de que el próximo ciclo solar será similar al Mínimo de Maunder o de Dalton) podría provocar una nueva Pequeña Edad de Hielo.
    La increíble explosión demográfica global desde principios del siglo XX es otro punto caliente. Si el extremadamente rápido ascenso demográfico fue y es debido al uso de combustibles fósiles como algunos advierten, entonces el fin de su utilización podría provocar la muerte de miles millones de seres humanos a partir de la segunda fase de agotamiento del petróleo (algunos científicos afirman que hemos finalizado o estamos en proceso de finalizar la primera fase del famoso Pico Petrolero). Algunos dicen que debido al mismo aumento de la población, será necesaria una nueva Revolución Verde para evitar una catástrofe maltusiana a partir de la segunda mitad de siglo, provocando una lucha económica por los recursos entre los países ricos y la muerte por inanición de millones en los pobres. Según las proyecciones demográficas, África duplicará su población en 2050 plausiblemente duplicando la hambruna y la miseria, aumentando el flujo migratorio y tensando la dependencia exterior.
    Y según algunos genetistas y antropólogos, la propia naturaleza humana está debilitándose debido a una relajación de la selección natural en la civilización moderna. Dicen que la tasa de mutación humana es muy superior a la de otros animales y que está provocando un deterioro genético que en último término podría dejarnos estériles provocando nuestra extinción. Se ha constatado que somos mucho más débiles físicamente que nuestros ancestros del Paleolítico y algunas investigaciones sugieren que somos menos inteligentes que las personas de hace siglos o milenios, de hecho se sabe que tenemos un cráneo más pequeño que el de los cromañones, según los estudios hemos perdido alrededor de una pelota de tenis de masa cerebral. Algunos dicen que esta reducción empezó hace cincuenta o treinta mil años y otros dicen que hace quince o diez mil años.

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