No hay escépticos en la sabana

De Augusto Ferrer-Dalmau - FD Magazine page 34-35, owned by Augusto Ferrer-Dalmau, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=39876629

La existencia del ateísmo y el escepticismo precisan más explicaciones que la existencia de la creencia y el conformismo. Según los científicos cognitivos la religión es más “natural” que la ciencia (McCauley, 2000), y la imagen “standard” de la racionalidad humana según la cual las personas actúan de acuerdo a principios racionales normativos, orientados a conseguir el mayor beneficio y felicidad –excepto en ciertos lapsos y “errores de ejecución”–, es incorrecta (Lanman, 2016). Por el contrario, la forma “sesgada” de razonar, basada en heurísticas heredadas de la evolución, donde el pensamiento “rápido” prevalece sobre el “lento”, parece ser la más natural. Hay evidencias sólidas de que el comportamiento político, el económico o el religioso responden en general a este patrón, y no al comúnmente aceptado por el racionalismo ilustrado en sus distintas variantes desde Descartes.

El racionalismo irreligioso es un fenómeno evolutivamente novedoso y una posición poco común, incluso en los países más “modernizados” de hoy. Las estimaciones globales sitúan el número de ateos entre 200 y 700 millones de personas, hasta un 7% de la población mundial. Es más, parece que en contra de lo que Charles Taylor llama “teoría de la substracción”, en realidad nunca dejamos de creer en hadas. La crisis de las religiones tradicionales no lleva a un naturalismo estricto sino a espiritualidades a la carta y creencias vagas “en algo”, que los holandeses llaman “Letsism”.

No hay escépticos en el “ambiente adaptativo ancestral”, pero tampoco se reducen estos a una civilización o cultura. Hay pensamientos escépticos más o menos desarrollados en la civilización egipcia, hindú, griega, musulmana, judía o cristiana –lo que James Thrower llama “tradición alternativa”.

¿Qué tienen en común?

Ethnocentrum y secularización 

El etnólogo Wilhelm Mühlmann (1904-1988) acuñó el término “ethoncentrum” para describir algo así como una ontología humana primordial que “incluye en su espacio el mundo de los muertos y el mundo de los no nacidos”, así como elementos naturales y numinosos –es decir, a grandes rasgos los tres ejes del “espacio antropológico” de Gustavo Bueno. Dentro de este etnouniverso, incluso la muerte está integrada y no existe un “más allá” separado. Según la descripción de Alexander Dugin (“Ethnos and society”, 2018) “en el ethnos el reino de la muerte es una patria dulce, poblada por ancestros queridos y por parientes”. No hay aún espacio para lo “otro”: nombres separados de las cosas, cielos distantes, dioses trascendentes, extranjeros o enemigos.

Sólo en el narod, o nación tradicional, se empieza a dudar, precisamente a medida que la organización social se aleja del ethnocentrum. Sólo en las sociedades tradicionales complejas, y que empiezan a ser también post-étnicas, nacen las religiones históricas, y con ellas los primeros herejes, infieles y escépticos no integrados: el primer filósofo que “desafía el sistema aceptado de pensamiento, poniendo en duda la etnointencionalidad y trabajando en el horizonte de ontologías escindidas y duales”. Esta huida del ethnocentrum, que Sloterdijk llama “antigenealógica”, cristalizaría en las religiones universalistas, especialmente en la cristiana:

 “Y no habéis de llamar padre a nadie en la tierra, pues uno es vuestro padre, el que está en el cielo” (Mateo 13); “El padre estará contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre” (Lucas 12, 51); “Si alguno viene a mi y no odia a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas, y además su vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14, 26).

La “rebelión antigenealógica europea” estaría tras la mentalidad individualista que permite extender “los entornos sociales de alta confianza desde la familia a contextos sociales mucho más amplios”, si bien se trata de un proceso gradual e inconcluso, pues el cristianismo histórico no llegó a desarrollar un universalismo radical, como muestra la doctrina tomista al respecto (Summa Theologica II-II q. 26 a. 4-8M q. 31 a.3).

El auge de la ciencia moderna y el crecimiento del estado secular de bienestar son factores comúnmente asociados a la secularización, pero que no podrían tener lugar sin la disolución de los lazos étnicos y las identidades colectivas tradicionales. Tras la “muerte de Dios” está el viaje moderno desde el ethnocentrum hasta una nueva organización social radicalmente no local y no étnica. Detrás de la teología, en el fondo, está la etnología.

Comentarios

  1. Buen articulo. Solo una puntualizacion: el "alguismo" de los holandeses se escribe como "ietsism" (ingles) o "ietsisme" (holandes).

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